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lunes, 18 de marzo de 2019

Jacobo Castellano en ARTIUM hasta el 19 de mayo

El título de esta exposición de Jacobo Castellano, riflepistolacañon, nace de un dibujo que el visitante encontrará nada más entrar en la sala. Realizado por un niño y encontrado en la calle por el artista hace años, el dibujo muestra un número de armas como si de un belicoso archivo se tratara. «riflepistolacañon» se escribe y se pronuncia como lo haría ese niño, sin importarle el rigor de la gramática, como escupido. Una parte importante del trabajo de Jacobo Castellano tiene su origen en el recuerdo de una infancia poblada de imágenes abyectas y fragmentarias. Son imágenes que, veladas en mayor o menor medida, aparecen repetidamente a lo largo de toda su obra, y que han contribuido a configurar, en estos casi veinte años de carrera, uno de los cuerpos de obra de carácter escultórico más singulares de nuestro país.

Coproducida con el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla, donde pudo verse el pasado verano, riflepistolacañon revela con notable nitidez el tránsito que ha experimentado la escultura de Jacobo Castellano desde sus primeras tentativas nada más terminar sus estudios en la Universidad de Granada hasta nuestros días, fundado en la superación de un quehacer inicial basado en la recuperación del retal y el deshecho. A medida que ha dejado de lado precarios fragmentos de enseres y arquitecturas que alguna vez usó o vivió y que ensamblaba en frágiles y complejas amalgamas, se ha ido imponiendo la que hoy es la seña de identidad más reconocible en su obra: la extraordinaria intuición con la que recontextualiza objetos con una historia propia y el modo en que estos se imbrican en la materia dura y recia, madera casi siempre, una materia que evoca el cuerpo mismo del artista. En los últimos años se ha venido definiendo un quehacer que tensa dos prácticas antagónicas, la del tratamiento de la madera y la del encuentro de objetos, aunque a Jacobo Castellano le cansa ya la voz «objeto encontrado» tan gastada en nuestro ámbito artístico, pues él dice buscar con decisión lo que a la postre encuentra, y lo que busca tiene que ver con la voluntad de reconectar con la fugacidad del recuerdo.

riflepistolacañon presenta obra realizada entre los primeros años 2000 y la actualidad. Tiene un carácter retrospectivo, pero esto no quiere decir que se acoja a procedimientos cronológicos. Más bien al contrario, se plantea como una lectura elástica y dúctil de su obra, que en el espacio tiene un núcleo central, un torno de clausura, un trabajo realizado de forma específica para Artium en torno al que se articula todo el recorrido. Hacia ese espacio y desde él se suceden trabajos que se vinculan más por asociaciones conceptuales, narrativas o formales, buscando su deslizamiento hacia un clima común. Dos trabajos se sitúan en los polos citados anteriormente. Por un lado, Casa I, presentada en los 16 Proyectos de Arte Español, una sección comisariada por María de Corral en la edición de ARCO de 2006 y, por otro, la obra Sin título (Proyector con olivo) de 2018, el gran proyector del cine que el abuelo del artista regentó en el pueblo de Villargordo, en Jaén, donde la familia pasaba los veranos. Casa I es la traslación de los fragmentos de aquella casa de verano, junto a fotografías y enseres, a una estructura temblorosa y liviana, aunque formen parte de ella puertas o partes de estructuras arquitectónicas. La pieza está ligada a un momento en la carrera del artista en el que la memoria se percibía como una frágil acumulación de imágenes y de formas. A esa misma época pertenecen fotografías que no se caracterizan precisamente por la nitidez o claridad de las cosas que representan, como si todo estuviera envuelto en una vidriosa membrana que todo lo confundiera. Cuando fue montada en Sevilla, Casa I tuvo una disposición ligeramente diferente a cuando fue instalada en Madrid muchos años antes, como si todo en la memoria de uno estuviera expuesto a una ineluctable caducidad, o al menos a contingencias e interpretaciones siempre variables. 

riflepistolacañon ahonda en el afán de fijar y retener el carácter vernáculo de la experiencia. En tiempos en los que la investigación se impone como método esencial en las prácticas artísticas, Jacobo Castellano pone énfasis en la perpetuación de la experiencia y la memoria de lo propio como iconográfico. La ineludible presencia de la madera como emblema de un yo siempre activo en la recuperación de esos motivos, en oposición a la pléyade de trabajos contemporáneos en los que difícilmente vemos rastro de quien los crea, le sitúa en la punta de lanza de la más relevante escultura española de nuestro tiempo.

Más información: www.artium.org

miércoles, 21 de enero de 2015

Jacobo Castellano en F2 Galería

Homo Ludens representa la primera exposición que Jacobo Castellano realiza en F2 Galería. En ella se observa una evolución de su obra desde que a finales de los años noventa se da a conocer como artista: el hogar materno, los escenarios donde transcurrió su infancia, los objetos “inservibles” y desvencijados, pero para él llenos de vida (“los objetos tienen biografía”, dice el autor), y los recuerdos de la niñez, conformaron el magma de su proceso creador.

Evolución ésta, lógica, producto de su tenacidad, de lecturas que fundamentan aquel proceso, y de la observación crítica de objetos cotidianos, aparentemente simples, que están presentes en la realidad, y que él transforma con su mirada. Pero este progreso no es lineal, no es siempre hacia arriba. Su trayectoria profesional crece a modo de espiral, volviendo constantemente a objetos y escenarios del pasado, pero cada vez con una visión diferente que le hace crecer como artista. Porque el autor no hace las cosas “por hacerlas”, por rellenar un tiempo, porque tiene que producir. Jacobo Castellano tiene un discurso, un relato coherente con el que apoya y explica su obra: esta actitud dota a su trabajo profesional de sinceridad y honestidad, pues para él lo importante es la paulatina consolidación frente a la inmediatez, las prisas y las urgencias.

La escultura es el formato preferido por Jacobo Castellano, a través del cual da rienda suelta a su imaginación y creatividad. Así lo hace en Homo Ludens. Sus piezas son sencillas, simples y desprovistas de ornamentos que puedan desviar la atención del espectador, pero a la vez profundas, que encierran un cierto misterio, que te invitan a pensar y a hacerte preguntas. Con frecuencia te sumergen en un mundo de claroscuros, te dejan un cierto sabor agridulce..., decididamente no son bonitas, o pueden no serlo, pero a estas alturas sabemos, que en el arte, lo bonito con frecuencia no es sinónimo de bello.

De las temáticas que conforman su obra (la memoria, el juego, el dolor…) el autor se decanta esta vez por destacar el juego como elemento esencial en nuestras vidas, los juguetes como contribución a aprendizajes esenciales; idea ésta transversal a toda la exposición con la que está muy familiarizado, pues no en vano ha crecido en un ambiente donde “lo pedagógico” ha ocupado un papel relevante. El acto de jugar es consustancial a nuestra cultura. Mediante el juego liberamos energía, nos relacionarnos, satisfacemos deseos no realizados, nos prepararnos para la vida y adquirimos valores.

En este sentido, los materiales que utiliza como el papel, el polvo, la madera, el plástico o el jabón, están al servicio de esta idea. Con ellos juega, los manipula y los ensambla hasta que considera que la obra creada expresa la idea que previamente ha diseñado en su mente. Así, objetos de uso cotidiano como los palillos, merced a sus dimensiones y dispuestos de una manera concreta, nos recuerdan al juego de “tres en línea”; el polvo que puede generarse en una vivienda y las escamas de jabón se mezclan misteriosamente para crear un nueva versión del “cubo de Rubik”; una disposición aparentemente anárquica de materiales da como resultado un “collage” en el que dichos materiales están agazapados, como jugando al escondite; un “pelele” se ensambla de manera que podamos utilizarlo y jugar con él a nuestro antojo. “Pasatiempo” representan “bajos relieves” rescatados de un espacio lúdico de la ciudad de Betanzos donado a ésta por los hermanos García Naveira, unos emigrantes gallegos que tenían una visión muy avanzada de “lo lúdico” como bien social.

Pero en este espacio lúdico que conforma la exposición no todo es alegría o divertimento, hay algo de asombro y de inesperado: los futbolines que invitan a la diversión no tienen jugadores; la posición del dedo índice de la mano señala castigo; nos divertimos dibujando pero estos dibujos no tienen nada de risa o de alegría: ¿en qué ambiente se habrá criado este niño para expresar así sus sentimientos? ¿Qué escala de valores estará forjando? ¿Qué vivencias estará interiorizando?

Dice Vicente Verdú que “lo divino es el silencio, que lo importante es la nada”: creo que esta idea puede aplicarse al conjunto de piezas que conforman Homo Ludens y a toda la trayectoria creativa de Jacobo Castellano.

Texto: José Antonio Delgado.